Alimentos importados: las compras se multiplicaron por seis

El valor importado creció 530,8% entre los primeros semestres de 2023 y 2026, según CEPA. En ese período retrocedió la producción nacional del conjunto de galletitas, panificados y pastas. La comparación de precios al consumidor sigue pendiente.
REGIÓN 29/10/2026

5La competencia por la mesa de los argentinos tiene un dato que excede la aparición de paquetes extranjeros en una góndola: el valor de las importaciones de fideos y pastas aumentó 530,8% entre el primer semestre de 2023 y el mismo período de 2026. Equivale a multiplicar las compras externas por algo más de seis. Es una variación en dólares, no una medición de paquetes vendidos en almacenes.

 

El informe del Centro de Economía Política Argentina, publicado el 17 de agosto y elaborado con información del INDEC y ARCA, ubicó el crecimiento de las importaciones de productos alimenticios en 51,9% para esa comparación. Los incrementos también alcanzaron a productos de panadería, aceites y grasas, chocolates y confitería.

 

Del lado productivo, el mismo trabajo registró una caída de 5% en el conjunto de galletitas, panadería y pastas. La coincidencia merece atención, aunque por sí sola no demuestra qué parte del retroceso industrial respondió a las importaciones y cuánto incidieron otros factores.

 

La disputa tampoco enfrenta únicamente a fabricantes argentinos con empresas extranjeras. Según el relevamiento, Arcor, Conyntra y Coto concentraron el 60% de las importaciones de fideos y pastas del primer semestre. Entre los compradores aparecen compañías con actividades industriales o comerciales en el país. Importar y producir localmente pueden formar parte de una misma estrategia empresarial.

 

Para el consumidor, sin embargo, el aumento de las compras externas deja una cuenta por resolver: cuánto termina pagando por un producto equivalente. Un paquete más barato puede contener menos gramos. Una promoción puede exigir comprar varias unidades. Y una diferencia de calidad o composición puede volver engañosa la comparación entre dos precios de exhibición.

 

En La Plata, esa comprobación requiere contrastar alimentos nacionales e importados por kilo o litro, con condiciones de venta equivalentes. También importa comprobar si el precio se sostiene cuando llega la reposición. La presencia de una marca extranjera permite identificar una oferta; conocer su conveniencia exige una comparación verificable. Pero no es un fenómeno donde la ciudad capital quede afuera.

 

El último informe del INDEC aporta, además, un freno a la idea de una expansión continua de todas las importaciones destinadas al consumo. En septiembre de 2026, las compras de bienes de consumo sumaron US$1.129 millones: bajaron 2,5% interanual en valor y 8,5% en cantidades, mientras sus precios de importación aumentaron 6,9%. La categoría incluye muchos productos además de alimentos y no describe específicamente las ventas platenses.

 

Conviven, entonces, períodos y comportamientos diferentes: el salto de determinados alimentos frente a 2023 y una contracción más reciente del agregado de bienes de consumo. Mezclarlos bajo la palabra “boom” impediría entender qué está ocurriendo.

 

La evaluación de la apertura necesita dos comprobaciones: qué efecto tiene sobre la producción y qué ahorro llega efectivamente a la compra cotidiana. La factura del importador permite estudiar una parte de esa transformación. El precio por kilo y el ticket del almacén deben mostrar la otra.

 

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